Gwen Stefani nos cae bien.
Que ésto quede claro. Puede que tenga una historia truculenta con las listas de éxitos, y que ahora que lo que mola es aparentar ser una casta y puro mientras te enorgulleces de tus amoratadas rodillas su pensamiento esté fuera de lugar.
Pero Gwen fue toda una pionera en los noventa. Supo reconocerse a si misma como chaquetera integral, y en una época en la que los tatuajes de henna, el vegetarianismo y la pseudo - integridad moral eran la ley, aquello le podía haber costado claro.
Un día decidió que ella era demasiado buena para estar rodeada de una panda de pringados que quedaban los viernes para tocar el bajo con sus colegas en el garaje del padre de uno de ellos. Y como toda buena estrella que se precie, abandonó el séquito instrumental para embarcarse en la bonita aventura de ser una